Para entender y vivir los Mandamientos: No dirás falso testimonio ni mentiras!… #OctavoMandamiento👍💞🙏⛪🚥📃📄🚥😚👼😚👼😚👼😚😇👉👪✌💓😊🌼

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Como se ha señalado en anteriores Posts, en el Antiguo Testamento Dios da a su Pueblo, por medio de Moisés, los Diez Mandamientos, que son el resumen de la Ley moral.

El octavo mandamiento nos indica: No dirás falso testimonio ni mentiras!… El Padre Antonio Rivero nos explica al respecto: “No mentirás, ni levantarás falsos testimonio”. Dice la Biblia en el libro del Eclesiástico 20,26: La mentira es una tacha infame en el hombre.

Este mandamiento sigue vigente, aunque hoy se diga: “Hoy día ya no es posible vivir sin mentira, ya no es posible hacer política y llevar negocios sin mentir”

Si tomáramos en serio el octavo mandamiento, casi no habría manera de charlar en los cafés, en reuniones de amigos; los diarios saldrían con las páginas en blanco, ¿no crees?

Este mandamiento salvaguarda nuestro honor y nuestra fama.

La Sagrada Escritura está llena de advertencias sobre este mandamiento. Se llega incluso a identificar a Dios con la verdad y al demonio con la mentira. Cristo vino a dar testimonio de la verdad. Es más, Él se autodefinió como el Camino, la Verdad y la Vida. Lo puedes consultar en el evangelio de san Juan, capítulo 14, versículo 6.

Suele decirse que el pecado es como un puñal que puede tener muy distintos tipos de hoja, pero en el que el mango casi siempre es el mismo: la mentira. Y es cierto: mentimos cuando decimos que amamos a Dios y sólo nos amamos a nosotros mismos. Mentimos cuando nos engañamos a nosotros para encontrar razones para olvidarnos de la misa dominical. Mentimos cuando justificamos nuestros pequeños o grandes robos.

Sabemos que la palabra es la expresión oral de la idea. De ahí que, por ley natural, aquello que yo expreso es algo que debe coincidir con lo que pienso. Si mi palabra no refleja la idea, estoy violentando el orden natural de las cosas, voy contra la ley de Dios. Por eso se dice que la mentira es intrínsecamente mala, es decir, no es mala porque alguien la prohíba, sino que es mala en sí misma. Y algo de suyo malo no puede producir nada bueno, aunque sean muy buenas las intenciones de quien actúa.

Al mentiroso hoy se le quiere llamar como aquel que “tiene chispa”, tiene “aptitud para la vida” o tiene “sentido comercial” o “viveza”. Pero en realidad eso no cambia la realidad: el mentiroso se daña a sí mismo, daña a los demás, daña a la sociedad y, sobre todo, desfigura la imagen de Dios en su alma.

Cuida tu lengua, amigo. Es la parte más valiosa que tienes, pero también la más peligrosa. Con ella puedes alabar a Dios, consolar al triste, aconsejar a un amigo…pero también puedes herirte, herir el honor y la fama del prójimo.

Decía san Bernardo que la lengua es una lanza, la más aguda; con un solo golpe atraviesa a tres personas: a la que habla, a la que escucha y a la tercera de quien se habla. ¡Cuánto destrozo puedes causar con tu lengua, si la usas para el mal! Te dice Dios, a través del libro del Eclesiástico: “Muchos han perecido al filo de la espada; pero no tantos como por culpa de la lengua” (28, 22). Esto significa, creo, que será mayor el número de los que se condenen por causa de la lengua que el de aquellos que mueran en la guerra.

¿Por qué es tan grave esto? Porque se está pisoteando también la caridad.

Un proverbio alemán dice: “El burro se delata por sus orejas; el tonto, por sus palabras”. El corazón humano es una cámara de tesoros, que tiene por puerta el habla; hay quien saca bondad, amor, verdad, sabiduría; el otro saca insensatez, maldad, veneno, mentira.

Tienes que agradecer a Dios que te haya dado este octavo mandamiento.

Vale para todos este mandamiento, pero están especialmente obligados a vivirlo a fondo quienes están al servicio de los medios de comunicación social, o trabajan en el campo político, o son oradores o gobernantes o candidatos que se postulan para ser presidentes de una nación. ¡No hay que mentir!

¡Cuántas veces escuchamos discursos de presidentes que después han sido puras mentiras, o verdades a medias! ¡Cuántos nos manipulan desde la radio y la televisión!

“¡No mentirás!” –nos dice Dios.

Si somos de Cristo, y Cristo es la Verdad… andemos en la verdad.

I. Hablemos de la Veracidad y de la Verdad:

Para cumplir este mandamiento de Dios es necesario desarrollar en nosotros la virtud de la veracidad, la cual nos inclina a hablar bien siempre con la verdad y a comportarnos de acuerdo con lo que pensamos.

La veracidad es una forma de justicia, pues los demás se merecen la verdad y no el engaño.

Hablar de la verdad hoy, resulta no sé si difícil, pero al menos atrevido y, en cierto sentido, sarcástico.

Vivimos en un mundo donde nos venden la mentira en platillos de oro; asistimos a pactos incumplidos entre las naciones, donde sólo pusieron su firma, pero después se hizo lo contrario. Hay manipulación en las noticias en algunos medios de comunicación; desde las pantallas de televisión no siempre nos presentan la verdad del amor, de la familia, de la sexualidad; desde algunas cátedras universitarias se cercena la verdad del mundo, de las cosas, de la existencia; se niega a veces la existencia de un Principio y una Causa Primera que dé razón última a las cosas. Yo he conocido a jóvenes que entraron creyentes a la universidad y salieron agnósticos y resentidos contra la religión, por causa de algunos profesores que sembraron en sus mentes la duda y el rechazo de Dios.

En fin, que la verdad no tiene hoy carta de ciudadanía en todas partes del planeta, no la han dejado entrar y salir libremente, la tienen maniatada, vendada, amordazada. ¿Por qué? No se quiere encontrar hoy con la verdad, pues “la verdad, aunque no peca, incomoda”.

Parece que hoy algunos no consideran la verdad como un valor. Por lo menos en la práctica. Te doy estos ejemplos.

Se prefiere tener éxito en los negocios, aunque sea a costa de la verdad. No creo que sea tu caso.

Se tiende fácilmente a dar opiniones distorsionadas o a manipular los datos según distintos intereses. ¿No te has tentado alguna vez con esto?

Algunos partidos políticos anuncian a veces programas electorales que después no se cumplen y ni siquiera se quieren cumplir. Pon atención cuando alguien se postula para presidente de una nación: ¿Qué dice? ¿Cómo lo dice? ¿Cumple lo que prometió? ¿Cómo ha sido su trayectoria política, moral y familiar?

Se venden productos anunciándolos como lo mejor, presentándolos como panaceas capaces de conseguir por sí solos la felicidad de su comprador. ¡Cuidado!

La deformación de la realidad o la verdad a medias tienen carta de ciudadanía en nuestra sociedad.

Por otro lado, el hombre, hoy más que nunca, busca la verdad; busca el sentido de las cosas, sus leyes, y aplicarlas; busca conocer al hombre en profundidad, su psicología, su funcionamiento biológico. Parece como si un fuerte instinto le moviera a buscar la verdad en todo.

El hombre vive inmerso en un mundo donde importa más tener o aparentar que ser, donde cuenta más la imagen que el fondo y donde no es difícil encontrar gente que renuncia a sus convicciones por quedar bien o por conseguir un buen puesto.

Por todo esto vivimos en un clima de desconfianza general, pues se hace bastante difícil distinguir entre quién te engaña y quién no.

De este clima de desconfianza nace el deseo sincero de encontrar a alguien que haga de su vida, de sus pensamientos y de sus obras una auténtica unidad donde no haya “poses” ni apariencias ni cuidado excesivo de su imagen. En este sentido se puede decir que el gran éxito del Papa Juan Pablo II ante la opinión pública mundial se debió a esta autenticidad de vida, que se reflejó en la absoluta coherencia que existía entre sus discursos, su palabra, su obra y su vida.

(…)El hombre es una unidad perfecta. Todo lo que es mentira, falsedad, fingimiento, inautenticidad, rompe esta unidad. La ruptura se da entre el ser y el actuar, entre el pensar y el decir, entre el decidir y el cumplir. Y las consecuencias son: infelicidad, insatisfacción, ruptura de la armonía de la personalidad.

Jesucristo se denomina a sí mismo “La Verdad” (Juan 14,16). No dice que es la pureza o la bondad, ni la fe, ni la esperanza. Y su misión se resume en dar testimonio de la verdad (Juan 17, 37). Su vida es idénticamente igual a su mensaje. Por eso, podemos decir, ser fiel a Cristo es ser fiel a la verdad, respetarla, propagarla, defenderla, asimilarla.

Y el Espíritu Santo es el Espíritu de la verdad, y el que nos descubre la verdad del hombre y de Dios, la verdad de ti mismo. Es el que te enseña a apreciar en su justo valor las realidades de este mundo, su fugacidad, el valor de la vida ante la eternidad. El Espíritu Santo guía hacia la verdad, a quien lo escucha y pone en práctica sus inspiraciones.

En medio de las mayores dificultades, el Espíritu Santo da fuerza para profesar y testimoniar la verdad, como lo hicieron los mártires de la fe. Te invito a repasar las actas de los mártires de los primeros siglos, para que te des cuente de lo que te he dicho.

(…)La verdad y los tipos de verdad:

Hace veinte siglos un procurador romano, llamado Poncio Pilatos, hizo esta pregunta a un judío llamado Jesús de Nazaret: “Y…¿qué es la verdad?”. Y esa pregunta quedó sin ser respondida. ¿Por qué? Jesús no quiso contestarla. ¿Por qué?

El término verdad se le suele colocar al lado de otros términos sinónimos: autenticidad, coherencia, honestidad, sinceridad, integridad, transparencia, hombre o mujer de una sola pieza.

Y contrapuesto a verdad, tenemos: mentira, hipocresía, fariseísmo, doblez, engaño, duplicidad de vida, fachada, ocultamiento, ambivalencia, inescrupulosidad, incoherencia.

Te defino la verdad en sus tipos; me perdonarás que emplee un poco de filosofía, que hace tiempo estudié.

1. Verdad del ser: ser aquello que uno es, que uno debe ser. Hay verdad del ser cuando tú te comportas como persona inteligente, libre y responsable. Vives en la verdad de tu ser cuando sabes y te comportas con lo que te exige tu origen, tu fin como persona humana, cuando tienes trascendencia y sentido. Cuando vives la verdad de tu ser, vives realizado, feliz, digno y te elevas sobre todo el universo material y animal. Lo contrario a la verdad del ser es la inautenticidad.

2. Verdad del pensar: tu mente está hecha para percibir el ser de las cosas. Cuando tu mente coincide que la verdad de las cosas, vives en la verdad del pensar. Tu mente tiene que respetar la verdad de las cosas: la verdad del trabajo, del dinero, de la sexualidad, del matrimonio, del estudio, de la carrera… ¡Cuánta formación necesitas para descubrir la verdad de las cosas, y pensar así con veracidad de ellas! Lo contrario a la verdad del pensar es el error, que puede ser consciente o inconsciente, voluntario o involuntario.

3. Verdad del hablar: decir lo que tu mente sabe que es verdad, y que lo ha descubierto así, después del estudio y la formación. Tus palabras deben ser vehículo leal de lo que piensas. Por medio de tu palabra, haces partícipe a los demás de lo que llevas dentro. La palabra es puente que hace transparente a los demás el corazón y la intimidad de la persona. Lo contrario a la verdad del hablar es la mentira.

4. Verdad del obrar: es la verdad del comportamiento y de la vida. Vivir como se cree, coherencia de vida entre lo que se cree, lo que se predica y lo que se vive. Si vives esta verdad, serás sincero y cumplidor a tu palabra dada, serás leal y fiel a tus compromisos asumidos, serás equitativo y justo con los demás. Lo contrario a la verdad del obrar es la incoherencia, el fariseísmo, la hipocresía.

II. Exigencias y obstáculos de la Verdad:

1. Primero, las exigencias.

Tener una conciencia recta y bien formada es la exigencia para vivir en la verdad, decir la verdad, hacer la verdad en la vida.

La conciencia moral es aquella capacidad que todo ser humano tiene de percibir el bien y el mal, y de inclinar la propia voluntad a hacer el bien y a evitar el mal.

La conciencia es esa voz interior que te dice (o te debería decir, si es recta): “Haz el bien, evita el mal”. Ahí está la conciencia. Si tú no cumples con tus deberes de estado y profesionales, si descuidas las tareas encomendadas, si pierdes el tiempo en tu trabajo o te robas algo…la conciencia te debería decir: “Oye, eso no es tuyo…estás perdiendo tiempo…llegaste tarde…no dijiste toda la verdad”.

Si eres una persona honesta y sincera…podrás leer en tu corazón estas normas de ley natural, con las que todos nacemos:

– Di siempre la verdad.
– No hagas a los demás lo que no quieres que a ti te hagan.
– No mates.
– Respeta a tus padres.
– Respeta las cosas ajenas, etc.

No necesitas ser cristiano o católico para escuchar esto en tu conciencia. Simplemente si hay hombre honesto, sincero, leal… escucharás, nítida, la voz de tu conciencia.

Pero hay peligros de deformar la conciencia. Y cuando esto pasa, es muy difícil escuchar esos imperativos de ley natural, y es muy difícil vivir en la verdad y decir la verdad.

(…)Urge, pues, formar la conciencia, para poder discernir entre lo bueno y lo malo, la verdad de la mentira, pues sólo la conciencia debe ser el faro único que guíe tus pasos en la oscuridad.

Formar la conciencia. ¿Cómo, con qué medios?

. Hacer balance de tus acciones, para ver si concuerdan a tus principios rectos y sanos.
. El consejo de un amigo formado.
. Tener un guía espiritual.
. Si eres cristiano, tienes el gran medio de la confesión sacramental.

2. Segundo, los obstáculos en la búsqueda de la verdad.

. El escepticismo radical moderno: afirma que la verdad no existe, o que, si existe, el hombre es incapaz de conocerla. Si el escepticismo fuese verdadero, se negaría a sí mismo. En el campo moral, no sólo no se está de acuerdo sobre lo bueno y lo malo, sino incluso se pone en duda sobre la validez de esa distinción. En otros tiempos se veía la necesidad de defender algunas verdades (la verdad de los bienes materiales, de la propiedad privada, la verdad sobre los fines y propiedades del matrimonio, la verdad sobre las drogas…); hoy es necesario defender la misma verdad.

. Relativismo: se refiere tanto al conocimiento como a la moral. Es la tesis que niega la existencia de verdades absolutas, universales y necesarias: todas las verdades dependen de diversas condiciones y circunstancias que las hacen particulares y cambiantes. El relativismo niega la posibilidad de establecer verdades objetivas. Ya en el campo moral, el relativismo afirma que no hay nada de lo que podamos decir que sea bueno o malo absolutamente. Hoy cunde la dictadura del relativismo, nos dijo el Papa Benedicto XVI, al inicio de su pontificado.

. El utilitarismo o pragmatismo: dice que es verdad “sólo lo que te sirva y te es práctico”. Hace de la utilidad el valor principal. Esta doctrina la promovieron J. Bentham y Stuart Mill en la Inglaterra de finales del siglo XVIII. Para Bentham, utilidad significa placer, bien, felicidad. Mill destacó el carácter cualitativo del placer y proclamó la superioridad de los placeres intelectuales y de los sentimientos morales.

. Permisivismo: con su filosofía de “todo está permitido”, al final es una bomba a la verdad de las cosas, a la verdad de la naturaleza. ¿El aborto, la unión de homosexuales es una verdad, porque está permitido por la ley civil?

. Manipulación social: en parlamentos, gobiernos y organismos internacionales o nacionales. Por ejemplo, en el tratado de Maastricht de la Unión Europea se esconde el peligro de manipular la sociedad de acuerdo con la ideología socialista. Aquí se trata de ver todo en clave económica y financiera, dejando o soslayando el campo educacional y el campo de valores éticos y religiosos.

. La falta de formación humanística y filosófica: también es un obstáculo para encontrar la verdad. La formación humanística busca el equilibrio de tus facultades humanas, la recta apreciación de las cosas, la capacidad de juicio, la madurez humana, la apertura a los valores estéticos, la formación de la inteligencia, etc. Y la filosofía te lleva a conocer las causas últimas de las cosas; te lleva a descubrir la verdad total de las cosas.

. El subjetivismo: Dice que la verdad no es objetiva, sino subjetiva, y que cada persona puede determinar por sí misma lo que es verdadero o no. Suele ser el defecto de los hombres prácticos, como Pilatos, que consideran como una especulación inútil la búsqueda de la verdad objetiva. El subjetivismo viene a ser una forma de escepticismo y de relativismo. Afecta a los juicios de valor y a los criterios que guían la conducta personal.

. El encerramiento: hay personas que se encierran en sus ideas, en sus posiciones y creen que sólo ellos tienen toda la razón y toda la verdad. Pero es una postura errada, porque nunca están dispuestos a abrirse a la verdad completa y objetiva.

. El hábito de la mentira: es el mayor obstáculo en la búsqueda de la verdad. Ese decir lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar. La mentira hace mal sobre todo a quien la dice. Con la mentira se bloquea el desarrollo de la personalidad.

. La vanidad: pone en jaque la verdad de ti mismo, porque te hace mostrarte como en realidad no eres. Te lleva a ser exaltado por encima de tu estatura humana y moral. ¿Sabes la fábula de Esopo del cuervo y la zorra? Un cuervo había robado un trozo de carne; se posó en un árbol. Una zorra, que lo vio, quiso adueñarse de la carne, se detuvo y empezó a exaltar las proporciones y belleza del cuervo; le dijo además que le sobraban méritos para ser el rey de las aves y, sin duda, podría serlo si tuviera voz. El cuervo se sintió halagado y quiso demostrar a la zorra que tenía voz; abrió el pico y dejó caer la carne y se puso a dar grandes graznidos. La zorra se lanzó ávida sobre la carne y la agarró, diciendo: “Cuervo, si también tuvieras juicio, nada te faltaría para ser el rey de las aves”. La fábula vale para el insensato y vanidoso.

(…)El cardenal Joseph Ratzinger, el Papa Emérito Benedicto XVI, hizo de la verdad su lema episcopal, “Cooperador de la verdad” que resumen todas las exigencias y obligaciones de la verdad: “Llegué a comprender y a percibir con claridad que renunciar a la verdad no sólo no solucionaba nada, sino que además se corría el peligro de acabar en una dictadura de la voluntad. Porque lo que queda después de suprimir la verdad sólo es simple decisión nuestra y, por tanto, arbitrario. Si el hombre no reconoce la verdad, se degrada; si las cosas sólo son resultado de una decisión, particular o colectiva, el hombre se envilece. De este modo comprendí la importancia que tenía que el concepto de verdad –con las obligaciones y exigencias que, indudablemente, conlleva- no desapareciera y fuera para nosotros una de las categorías más importantes. La verdad tiene que ser como un requisito que no nos otorga derechos, sino que –por el contrario- requiere humildad y obediencia, y, además, nos conduce a un camino colectivo…”.

La malicia de la verdad!…

He querido reservar hasta el final de este apartado la pregunta más importante:

¿Por qué la mentira es mala?
¿Dónde está el mal de la mentira?

Tú eres imagen y semejanza de Dios, ¿no es cierto? Pues Dios es la Verdad eterna. Por tanto, más te asemejarás a Dios en la medida en que seas veraz y digas siempre la verdad. En cambio, el que miente se hace semejante al diablo. El Señor echa en cara de los fariseos mentirosos: “Vosotros sois hijos del diablo, y así queréis satisfacer los deseos de vuestro padre…; es de suyo mentiroso y padre de la mentira” (Juan 8, 44). Por tanto, toda mentira es mala porque borra del alma esta semejanza con Dios. Y aunque no dañáramos a alguien, nos estamos dañando a nosotros mismos.

Hay otra razón fuerte de por qué la mentira es mala. La mentira es un abuso del orden natural, pues Dios nos ha dado el lenguaje para expresar nuestros pensamientos. Te dañas a ti mismo con la mentira, a tu misma naturaleza, a tu pensamiento.

La mentira se parece al arma del indígena de Australia, el bumerán, que, una vez lanzada, o bien da en el blanco y lo destroza y le causa perjuicio (es la mentira maliciosa), o falla, y entonces vuelve al que la ha lanzado y le hiere a él (es la mentira inofensiva que daña al mismo individuo).

Un tercer motivo de por qué la mentira es mala: porque haría imposible una vida digna del hombre. ¿Qué pasaría si la mentira fuera la moneda corriente de nuestra sociedad? ¿Qué alumno creería al maestro? ¿Qué obrero creería en su jefe? Todo sería un caos, ¿no crees?

IV. ¿Puedes ocultar la verdad?

La obligación del octavo mandamiento de decir siempre la verdad no te obliga a decir todas las verdades que conoces. Hay muchas cosas que tal vez sabes y que la prudencia, la discreción o la caridad te dictan no decirlas a menos que sea indispensable…

Tu seguridad y la de los demás, el respeto a la vida privada y el bien común, son causas suficientes para no sentirte obligado a decir las verdades que conoces. Nadie está obligado a revelar una verdad a quien no tiene derecho a conocerla, nos dice el Catecismo de la Iglesia católica, 2489.

Hay cosas que puedes callar si quieres y otras que no debes decir de ninguna manera.

¿Qué sabes del secreto?

Si alguien te cuenta un secreto, aunque es una verdad que conoces, debes callarlo y guardarlo por lealtad a quien te lo contó, a menos que el no decirlo, pusiera en peligro la vida de alguien o el bien común, pues al callar, te convertirías en cómplice del daño.

Cristo, en su pasión, ante las preguntas del Sanedrín… ocultaba su verdadera identidad, negándose a contestar. También en su vida pública trataba de guardar el secreto de su identidad y misión divina, pues serían mal interpretadas!…

Estas son características de la virtud de la discreción que consiste en no revelar lo que no es necesario o lo que puede ser mal entendido.

Por tanto, aunque la mentira es un pecado, sin embargo, no lo es en casos excepcionales el ocultar la verdad. Muchas veces se dan situaciones en las que no conviene decir la verdad. Así, por ejemplo, la prudencia puede aconsejar no revelar a un paciente la gravedad de su enfermedad. Esta reserva, siempre que no sea mentira, se puede y a veces se debe hacer.

Todo hombre tiene derecho a mantener reservados todos aquellos aspectos de su vida que no servirían al bien común, y si los dijera, le podrían venir graves consecuencias!…”. (Fuente: Catolic.net)

Conforme a lo anteriormente expuesto: ¿Cómo hacer para evitar incumplir con este mandamiento?

Se debe:

✅ Contrarrestar la tendencia a mentir, consciente o inconscientemente, para salir al paso.

✅ Contrarrestar esa tendencia a curiosear secretos, a meterse en la vida de otros y a hacer juicios precipitados de los demás.

Este mandamiento pues, instruye a no calumniar al prójimo, ni mentir, ni contar los defectos de los demás, ni pensar mal de la gente. Todo esto puede provocar graves daños al prójimo. Por lo tanto, si queremos que Dios nos perdone tenemos que tratar reparar hasta donde sea posible el daño hecho en los demás!

El falso testimonio está dentro de nosotros como mentira, como ablandamiento de la verdad. Una actitud que se hace cultura, que se estabiliza en el hombre como simulación, ficción, verosimilitud de la realidad sustituida por la ficción. Estar de parte de la verdad, defenderla, es un acto de justicia y de amor a uno mismo y a los demás!… #Decálogo #DiezMandamientos #RegaloDeDios #LeyRevelada #LeyDeDiosQueAMoisésLeDio #OctavoMandamiento #NoDirásFalsoTestimonioNiMentiras #NadaCambiaSiTúNoCambias #SomosLoQueQueremos #BienComún #Crecimiento #Superación #Trascendencia #Evolución #Evangelización2.0 #ResponsabilidadSocial #VienenMejoresTiempos #NuevosTerrenos #DiosEsBueno 👍💞🙏⛪🚥📃📄🚥😚👼😚👼😚👼😚😇👉👪✌💓😊🌼

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